Esa sonrisa infantil que le caracteriza, que hace que pierdas
la cordura y se te pongan los pelos de punta, y que te
obliga a sonreír, aunque sabes que jamás podrías hacerle la
competencia. Esos gestos que tiene mientras te habla de
algo que le encanta, y las miradas fijas que lanza, mientras
le cuentas algo que te gusta. Los detalles que tiene por
tonterías, ver como se preocupa. La manera de besar tan
cálida y llena de mil y un sentimientos… ¿Y para qué decir
más, si de esa persona hasta cada poro de su piel es para tí
un mundo? |
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